Las puertas del edificio de fachada de ladrillo y marcos color blanco, sede de la embajada de Ecuador en Londres, se encontraban abiertas y una multitud de personas fueron testigos de como, agentes de policía, con uso de fuerza, detuvieron a un sujeto de barba y cabello blanco y lo subieron a una camioneta policial para trasladarlo a su lugar de arresto; al arrancar el vehículo, en el que le subieron, alguien logró captar una imagen del detenido que. desde una ventanilla, logro esbozar una sonrisa, mientras levantaba la mano derecha con el pulgar hacia arriba, como queriendo significar “todo va a estar bien”.

La detención de Julián Assange representa un punto de quiebre en la modernidad de las comunicaciones y la forma de ejercer la libertad de expresión, que implica el derecho que tenemos de recibir información tanto en forma individual, como masiva, a través de los medios de comunicación, pero también implica el derecho que tenemos de poder trasmitir información.

Este derecho adquiere especial relevancia cuando se trata de información del actuar del poder público, pues, en las democracias modernas, quien ejerce una función estatal, tanto en forma directa como sucede con los funcionarios gubernamentales, desde presidente, gobernadores, legisladores y jueces, hasta el más pequeño de los burócratas o quien actúa en forma indirecta, como sucede con un contratista o un concesionario del Estado, lo hacen bajo dos premisas:

Están actuando en representación de la sociedad, pues el poder público se deposita en el pueblo y es este quien le deriva a los gobernantes la capacidad de actuar y las funciones que realiza las hace con el dinero que nosotros le entregamos, para que lo gaste en beneficio del país y la sociedad.

Así que surge una pregunta a mi estimado lector: Si usted deja a una persona al cuidado de su casa y le da dinero para que pague los servicios y demás gastos relacionados con ese cuidado ¿tiene usted derecho a exigir a esa persona que le informe sobre lo que hizo?

La respuesta es evidente, como también lo es la necesidad e importancia que para nuestra sociedad tiene el derecho a estar informados sobre el actuar gubernamental y es eso, precisamente lo que se está jugando en el caso de Julián Assange, pues aún violentando los códigos de seguridad de gobiernos, incluyendo al de Estados Unidos, ha expuesto al mundo información que estos tenían oculta a la sociedad que representan y a la comunidad internacional.

En mi pasada aportación me refería al Juicio de Peter Zenger, realizado en 1735, que fue fundamental para determinar el derecho a la información y el ejercicio del poder público tal y como lo conocemos ahora.

Ahora el proceso que se seguirá al arresto de Assange implica un nuevo hito en la sociedad de la información, pues, al igual que aquel caso, este nuevo se presenta en el contexto de una nueva revolución tecnológica en la comunicación, específicamente la que deriva de la información a la que se accede a través de la Red Internacional de Informática (INTERNET).

La Organización de los Estados Americanos, refiriéndose a la libertad de información que circula a través de dicha herramienta, ha mencionado: “Internet se ha desarrollado a partir de determinados principios de diseño, cuya aplicación ha propiciado y permitido que el ambiente en línea sea un espacio descentralizado, abierto y neutral. Para establecer cualquier restricción a la libertad de expresión en Internet se debe ponderar el impacto que dicha restricción podría tener en la capacidad de esta plataforma para garantizar y promover la libertad de expresión.”

Julián Assange, ha sido reconocido internacionalmente por su labor periodística; el jurado que le eligió para otorgarle el Martha Gellhorn Prize for Journalism, mencionó que su trabajo le ha dado al público más información de la que la mayoría de los periodistas pueden imaginar y que es un narrador de la verdad que ha empoderado a los pueblos alrededor del mundo.

Es verdad que sus métodos han sido cuestionados, sobre todo por aquellos que se han visto exhibidos por la información que, a través de WikiLeaks, ha hecho pública al exhibir las violaciones a Derechos Humanos y el espionaje a particulares y gobiernos extranjeros.  Esto ha causado la ira tanto del gobierno norteamericano como los de otros países, pero la exposición de esas prácticas ha dado pauta a la crítica social y, por ende, a una mejora en la democracia.

En los procesos que se avecinan contra Julián Assange, no se juzga tan solo a una persona, sino que se decidirá sobre las libertades de expresión, información y comunicación, en la era de Internet, lo que estará en la decisión de los jueces; por lo que me tomo la libertad de coincidir con la colega Victoria Jones, lo que menos podemos esperar es un juicio justo y abierto.